lunes, 27 de octubre de 2003

Los humanos


Hoy el día no ha ido mal del todo :) También he tenido mi ración de sonrisas con los niños. Estando en el patio, Melisa y María me han llamado a gritos y muertas de risa. Cuando me he acercado para ver qué querían, me han dicho "es que nos atacan los humanos". Yo me he quedado muy sorprendida, y les he mirado con cara de no comprender muy bien lo que estaban diciendo. Y ellas me han explicado "Es que estamos jugando a humanos y vaqueros" jajajajajajaja, ¡¡¡humanos y vaqueros!!! No indios, sino humanos. Claro que sé que los indios son humanos, pero entonces, ¿qué eran los vaqueros? jejejej.
Después de eso, he visto a Jorge tratando de bajar la escalera del tobogán, empujando a los que estaban allí subidos para deslizarse por la rampa. Ha llegado al suelo, y le he dicho que no debía hacer eso, porque podía caerse él o tirar a los demás, y que si no quería deslizarse por el tobogán, entonces que no subiera. Y, a continuación, apenas le he dejado, se me ha acercado Elena, "su novia", muy seria, y me ha dicho "Maestla, ¿qué hablabas con Jorge?" Creo que está empezando a ponerse celosa.

Maestla

jueves, 23 de octubre de 2003

Romance

Ayer, mientras estábamos en el patio, Jorge me pidió permiso para ir al baño. Jorge es "el novio" de Elena, ¿lo recordais?. Bueno, pues un rato después vino Elena a buscarme diciendo "Maestla, maestla, que Jorge te llama". Y entré para ver qué quería.
Estaba en la puerta del baño, con los pantalones y los calzoncillos bajados. Resulta que al intentar subirse los calzoncillos se le habían enrollado y no podía y quería que yo le ayudara. Preo cuando Elena se dio cuenta de que yo iba a ver a "su novio" desnudo, corrió hacia él y con sus manitas le tapó "sus partes".
Me hizo mucha gracia.

Maestla

lunes, 20 de octubre de 2003

¡Cuánto saben los jefes!

Me parece a mí que los jefes que saben menos que sus subordinados abundan. Y si aún se dejan enseñar, se puede dar gracias.
Mi primer día de trabajo en el pueblecito en el que estuve hace dos años, pude experimentar algo así. Llegué al colegio y allí me encontré con el nuevo director. Los dos éramos nuevos allí, y el único personal del colegio (era un colegio con sólo 14 alumnos). Nos presentamos (él me dijo su nombre y aclaró que era el director, por si se me ocurría pensar que ese cargo me correspondía a mí) y entramos a mi aula, que hacía las funciones de despacho.
Allí había un ordenador y yo comenté que me alegraba de tener un ordenador en el aula. Dije que no era experta en informática, pero que podría sacarle provecho. Él me aseguró que entendía mucho de ordenadores.
Un rato después teníamos que hacer un documento, y decidió encender el ordenador. Vio que los cables estaban desenchufados de la pared, y los enchufó. Entonces, el monitor -que por lo visto se había quedado encendido la última vez que se usó- se puso en marcha. Pero como el ordenador estaba apagado, nada más ocurrió.
El "experto" se quedó sentado, con los brazos cruzados, esperando y mirando fijamente la pantalla.
- Bueno, enciende el ordenador, ¿no? - le dije yo.
Y él me respondió, señalando el monitor iluminado "Ya está".
Yo le dije que no, que estaba encendido el monitor pero no el ordenador, y él me miró con cara de pensar "esta no sabe ni como se enciende un ordenador".
Me acerqué, le di al botón, y comenzó a iniciarse. Lo primero que apareció fue un mensaje del antivirus. Decía que hacía más de un mes que no se había revisado el disco duro, y que era conveniendo hacerlo. Mi compañero, que ya no estaba tan seguro de entender más que yo, me miró dubitativo.
- ¿Qué hacemos?
Le dije que no estaría de más hacer una revisión porque, ya que era la primera vez que usábamos ese ordenador, convenía saber si habría algún problema.
- ¿Cómo?
- Dale a "aceptar".
- Ah...
Después de un largo rato de revisión, el ordenador nos informó de que no había virus y nos aconsejó actualizar el antivirus.
- ¿Y esto? - Me preguntó de nuevo.
Le expliqué lo que significaba, y que no podíamos hacer nada, porque suponía que la actualización se hacía a través de internet, y allí no teníamos conexión.
- ¿Entonces?
- Dale a "cancelar"
- Ah...
Le dio a cancelar, y el ordenador ya quedó listo para ser usado. Pero entonces, el director me miró, entre asustado, agobiado y resignado, y me dijo
- Pufff... si cada vez que lo encendamos va a tardar tanto...
Yo procuré no reirme delante de él, y omití recordarle que era un "experto en informática". Ays... si es que no se puede ser tan buena, jejejejejejeje.

Maestla

martes, 14 de octubre de 2003

Sergio y el doctor.

El miércoles fue un día bastante accidentado, porque uno de mis niños decidió tirarse por el tobogán de cabeza, y aterrizar sobre su ceja izquierda.

Vereis, Sergio es un niño bastante tímido, que no se despega de mi falda ni con agua caliente. Allá donde yo vaya, va él. Ni siquiera quiere ponerse en la fila a la hora de salir si no es de mi mano. Y cuando les toca informática, o psicomotricidad con el maestro de apoyo, llora porque se quiere quedar conmigo. Bueno, pues el miércoles decidió "independizarse". Se fue al tobogán, subió, y se lanzó de cabeza olvidando poner las manos delante para frenar la caida. Yo lo vi en el momento en que aterrizaba, y me temí lo peor :( Cuando llegué estaba sangrando y, por encima de la brecha que se había hecho, le estaba empezando a salir un chichón que, además, ya se veía morado. Mientras yo lo lavaba un poco, el maestro de apoyo se fue a por el botiquín, y después, a llamar a los padres por teléfono. Pero no estaban, porque se habían ido a trabajar. Así que dijeron que llamáramos a la tía del niños. Pero tampoco estaba. De modo que fuimos a hablar con el director para decir que nos llevábamos al niño al consultorio médico. El director del colegio dijo que no era necesario, que no parecía nada grave, pero a nosotros nos asustaba que el golpe en la cabeza pudiera tener consecuencias, de modo que nos fuimos (después de organizar con quien se quedarían el resto de los niños).
Nada más entrar en el consultorio, vimos a dos señoras mayores sentadas en la sala de espera, que nos dijeron "si vienen para una cura, no empiezan hasta las doce y media" (eran las doce menos cinco) mientras nos miraban con cara de estar pensando "ni se os ocurra pasar antes que nosotras"; pero no las hicimos ni caso, y nos acercamos al mostrador de la enfermera. Su primera pregunta fue si habíamos traído la cartilla de la seguridad social del niño. Le explicamos que no, que no éramos sus padres, sino sus maestros, y que el niño se había caído en el colegio. Ella insistió en que necesitaba la cartilla, y nosotros en que no la llevábamos. Nos preguntó (a todo esto, Sergio seguía sangrando) si al menos estaba empadronado en el pueblo. "No lo sé, ya le he dicho que no soy su madre. Pero si está matriculado en el colegio público de este pueblo, supongo que estará empadronado aquí".
Bueno -nos dijo ella no muy convencida- pasad a esta sala.
Y cuando ya estábamos dentro añadió "no, mejor a esta otra". Y en ese momento apareció el médico (bueno, ahora tengo mis dudas de que lo sea, pero en ese momento lo di por supuesto) un señor inmenso, más alto que el tobogán, y muy gordo. Si a mí (que decir que soy "corpulenta" es una forma fina de describirme) me pareció impresionante, ¿os podéis imaginar lo que le parecería al pobre Sergio, tan pequeño, delgaducho y "escuchimizao" como es?
En fin, el médico nos pidió que lo tumbáramos en la camilla, y chapurreando español (no sé de donde es) nos preguntó lo que había ocurrido. Se acercó para mirarle la herida, pero no demasiado, supongo que para no mancharse. Se fue de la salita, y volvió al momento con un algodón empapado en betadine, con el que le dio tres o cuatro "toques", como pinceladas. Luego, se alejó unos pasos para observar el resultado de su obra.
Nos dijo que no consideraba necesario darle puntos, después de lo cual quedó unos instantes en silencio. Y, tras meditarlo, se fue. Volvió un momento después, con una de esas tiritas de puntos adhesivos en la mano. Esas que son estrechas y largas. Y se la colocó sobre la herida. Pero entonces descubrió que era demasiado larga, y la cortó, acercando las tijeras peligrosamente al ojo del niño, que trataba de apartar la cabeza, aterrorizado. Volvió a observar su obra desde una prudente distancia, y se acercó de nuevo para colocar otro punto adhesivo, y seguidamente cortarlo de nuevo (seguía siendo demasiado largo). Entonces, salió de nuevo de la salita, y mientras pudimos oir a la enfermera discutiendo con las dos señoras de la sala de espera. Les decía que se fueran, que ese día no iban a pasar visita, y que volvieran el viernes.
Cuando volvió el doctor, llevaba en la mano una nueva tirita, esta vez cuadrada, y se dispuso a colocarla sobre el chichón. Antes de que lo hiciera, mi compañero le interrumpió:- ¿No debería poner algo en el chichón, trombocid, por ejemplo?
- Bueno, -respondió el médico- ¿vosotros tenéis?
Le dijimos que sí, pero que en el colegio, y él añadió
- Y si no, que la compre la madre en la farmacia. - Y puso la tirita.Volvió a contemplar su obra, pero no debió convencerle, seguramente no tenía el equilibrio necesario, porque cogió de nuevo la tirita estrecha, la de los puntos, y le pegó un trozo atravesado, para "sujetar" las que ya había puesto.
Miró el resultado, sonrió satisfecho, y nos dijo que ya nos podíamos ir. Y justo cuando levantábamos a Sergio de la camilla, nos detuvo:
- No, no, esperad un momento, tumbadlo de nuevo.
Y así lo hicimos. Nos dijo que le iba a limpiar la sangre, porque si no su madre se podía asustar cuando lo viera (claro que, entre tanto vendaje, era difícil ver al niño) y salió de nuevo de la sala.Volvió con un algodón con el que frotó enérgicamente la parte de la herida que sobresalía entre las tiritas. Y, por el olor, el otro maestro y yo descubrimos, horrorizados, que era ¡¡¡alcohol!!! El pobre Sergio hasta el momento no había llorado. Pero entonces empezó a temblarle la barbilla, y dos lagrimones le cayeron por la cara. ¡¡Pobrecito!!Entonces sí que nos dijo que habíamos terminado. Que podíamos irnos, y decirles a los padres que lo llevaran al consultorio al día siguiente, jueves. "¿A qué hora?"
- No, mejor el viernes -rectificó el doctor.
- Pero, ¿a qué hora?
- No, mejor el jueves
- Si, vale, pero, ¿a qué hora?
- No lo sé. Un momento.
Después de consultar con la enfermera, que había traído un papel a su mesa, volvió, y nos dijo que "a cualquier hora, porque, como mañana es fiesta..."Le preguntamos si nos tenía que entregar el papel ese, y dijo que si. Se sentó, y comenzó a escribir: "niño de... ¿cuantos años? ¿tres?... venido con maestros por herida en... ¿izquierda o derecha?... ah, vale, en el parpado superior izquierdo..." Nosotros nos mirábamos pensando "no es el párpado, es la ceja" pero lo dejamos estar. Y entonces yo le pregunté si tenía que decir a los padres que observaran al niño, por si se mareaba, por si tenía más sueño del normal... en fin no soy médico, ni siquiera madre, pero el curso pasado también se golpeó la cabeza una de mis niñas, y fue lo primero que me dijeron. Pues este respondió "no, no hace falta..."
Antes de salir tuvimos que soportar uns discusión entre el médico y la enfermera, acerca de si debían darnos el original o la copia de su escrito, y, mientras salíamos, todavía tuvimos que escuchar a las dos mujeres de la sala de espera (que no se habían ido) diciendo muy irritadas "está visto que aquí, entras con sangre y te atienden en seguida"... En fin, sin comentarios...

Por suerte el niño está bien, y hoy ha vuelto a clase. Eso sí, durante el fin de semana, ¡¡¡le han dado puntos!!!!

Maestla

jueves, 2 de octubre de 2003

Cuando comienza octubre...

... llega mi cumpleaños. Y parece que mi cumpleaños siempre se "celebra" con la ampliación del horario escolar :( Y comprendo que a las que sois madres os venga muy bien que los niños vayan al cole también por la tarde, pero a mí no me hace tanta ilusión :( En fin...De todas formas, supongo que debería mirar el día de ayer con cierta satisfacción. Os cuento: en mi clase tengo una niña (Isa) que no habla nada. Bueno, no habla nada conmigo. Ni con el maestro de apoyo. Ni con los demás niños, que dicen que no sabe hablar. Pero sí habla en casa con sus padres. Es más, a sus padres les dice, llena de orgullo, que a mí no me ha dicho nada. Supongo que es muy tímida. El caso es que ayer, primer día de clase por la tarde, "abrió la boca" dos veces (!!!!!!!!) La primera, fue para morder a Elena. Y la segunda, para vomitar toda la comida :( Puajjjjj... eso sí, después de vomitar, no dijo nada, se quedó calladita, sucia y maloliente, hasta que yo me di cuenta. Por poco me da algo, porque, mientras la cambiaba de ropa y la lavaba un poco, los demás intentaban acercarse a jugar con lo que había quedado por el suelo!!

Maestla