miércoles, 6 de marzo de 2013

¡¡¡Postales!!!

La gente que me conoce sabe lo mucho que me gustan las postales. Cuando mis amigos y/o familiares viajan están obligados a traerme unas cuantas o muchísimas, depende de la confianza. 
Hace un tiempo descubrí Postcrossing y desde entonces mi colección ha aumentado de forma espectacular. 
Pero en Postcrossing he encontrado algo mejor que un puñado de postales: un grupo de gente maravillosa.

Precisamente una de esas personas que, como yo, colecciona e intercambia postales, se ofreció un buen día a enviar una a mis alumnos. Y lo hizo. 

Un buen día llegó la directora a clase y nos dijo "el cartero ha traído algo para vosotros". 
Los niños se sorprendieron mucho y se pusieron contentísimos. 
Antes de leerla estuvimos pensando quién habría podido enviarla ("Seguro que ha sido mi mamá" -dijeron Laia y Kevin) y después de leerla estuvimos viendo las diferencias entre una carta y una postal. 

Como pocos días antes habíamos estado viendo un mapa del mundo para descubrir que además de nuestro pueblo existen muchos otros lugares, algunos cerca y otros lejos, estuvimos buscando el lugar en el que había nacido Arianne, la amiga que nos hizo felices esa tarde. 

- Ahora ¿le escribimos nosotros una carta a Arianne? -propuso Judith. 
- ¿Queréis hacerlo?
- ¡Sí! ¡Sí!

Y, dicho y hecho: nos pusimos manos a la obra y, en poco tiempo, todos mis niños habían escrito una carta y hecho un dibujo con el que agradecer tan bonito detalle. 

Yo, mientras tanto, pensé que me había encantado la experiencia y que quería repetirla. Y pedí a los demás amigos de postcrossing que enviaran postales a mis niños. Ya tengo más de veinte y, poco a poco, las iremos viendo... 

viernes, 1 de marzo de 2013

Si he sobrevivido...

En el tiempo que llevo dedicada a la enseñanza he descubierto que la frase "si he sobrevivido a un día como el de hoy, puedo sobrevivir a cualquier cosa" viene a mi cabeza con más frecuencia de lo que sería adecuado para mi salud mental. Hoy ha sido uno más.

Este curso mi aula es lo que los políticos llaman "pabellón prefabricado" (algo como esto, aunque este no es mi colegio)y los padres "barracón": Paredes metálicas, techo metálico, pocas ventanas, suelo que vibra cuando los niños se mueven (tanto, que a veces se salta el CD si estamos escuchando alguna canción) y temperaturas extremas. A principio y final de curso sobrevivimos gracias al aire acondicionado. Durante el invierno, no podríamos hacerlo sin la calefacción. Cada mañana el conserje enciende mi aparato calefactor a las ocho para que la clase se vaya caldeando. Aún así, cuando yo llego casi una hora después, el agua de la botella que dejo sobre mi mesa está tan fría que parece recién sacada de la nevera. 
Pero la cosa ha sido aún peor hoy: una ola de frío con temperaturas a las que estamos poco acostumbrados, lluvia casi continua desde hace dos días, ni un rayito sol...  y una avería eléctrica.
Cuando he llegado a trabajar he sabido que no había luz y que los electricistas todavía no habían aparecido. Todo el colegio estaba helado, pero más aún las dos aulas prefabricadas. 
A las nueve, en el momento en que se abrían las puertas y los niños comenzaban a entrar, han llegado los electricistas. He hecho pasar a mis niños a clase, pero no les he permitido quitarse las chaquetas: hacía demasiado frío. Les he dicho que estaríamos así hasta que arreglaran la luz y pudiéramos encender las estufas. 
Pero el frío no era el único problema. La escasa iluminación tampoco ayudaba. He descolgado de la pared las cortinas de una de las ventanas. Las otras dos no tienen cortinas, pero tienen unas placas exteriores a modo de persiana que quitan mucha luz. Puesto que, además, el sol no estaba a la vista ni tenía previsto aparecer, decir que veíamos lo que hacíamos es ser generosa. 
Comenzar a "trabajar" estaba descartado: los niños no podrían casi ni ver la pizarra y mucho menos sus fichas. "Que bailen, y así al menos entran en calor" ha sugerido la directora. Pero hacer eso en un aula en el que cualquier movimiento un poco más brusco de lo normal hace que algún objeto caiga de la estantería no me parecía una buena idea. Además, no teníamos música, claro. Las opciones eran un poco limitadas pero he conseguido mantenerlos entretenidos mientras deseaba mentalmente que los técnicos consiguieran reparar la avería cuanto antes. 
Casi a las once la directora ha vuelto por clase: todavía no sabían con certeza dónde estaba la avería, pero lo suponían: bajo una de las aulas prefabricadas. Resulta curioso que tarden tanto en decidir dónde colocarlas, que ignoren nuestra opinión al respecto, porque es mejor tomar una decisión basada en criterios técnicos que en criterios pedagógicos y que al final, su decisión cause problemas técnicos... Porque, evidentemente, era imposible mover o desmontar el aula para solucionar la avería.
Y los problemas seguían. Porque a esa hora llegaba la furgoneta de reparto del comedor, pero la "mesa caliente" no funcionaba y no podía mantener caliente la comida de los niños. Pero tampoco funcionaba el microondas para calentarla. Ni siquiera funcionaba el lavavajillas ni había agua caliente para lavar los platos. Por no hablar de la nevera...

Llegado a este momento lo razonable quizás habría sido llamar a los padres, uno por uno, para informarles de la situación. Y que, quien pudiera, se llevara a su hijo a casa para que dejara de pasar frío y para que pudiera comer caliente. Pero es que tampoco funcionaba el teléfono. Porque hace un mes nos obligaron a cambiar nuestro teléfono, el de toda la vida, por un nuevo sistema de telefonía IP. Que además de funcionar bastante mal (es una larga historia que no voy a contar ahora) necesita estar conectado a la red eléctrica; cosa que, evidentemente, hoy no ha sido posible.

A la hora del almuerzo no he tenido valor para hacer que los niños se lavaran las manos en agua helada. Es verdad que helada está siempre, pero al menos en un día normal entran en calor rápidamente. Se han limpiado las manos con toallitas húmedas y he decidido que después del almuerzo saldríamos al patio a jugar un rato. Vale que era un día frío, vale que el patio está lleno de charcos porque el hormigón del suelo está levantado por las raíces de los árboles. Pero es que en nuestra clase hacía todavía más frío, y al menos fuera podrían correr y entrar en calor. De todas formas mis dudas han terminado pronto: ha comenzado a llover de nuevo y la opción de salir se ha evaporado rápidamente. 

En fin, como he dicho al principio, he sobrevivido a este día. Y me alegra decir que mis niños también. A las doce, cuando los que no comen en el comedor se iban a casa, los técnicos estaban colocando un nuevo cable que -creo- sustituirá al que está averiado bajo la prefabricada. Nada más han tenido que traer más de cien metro de cable, pasarlo por encima de los árboles y los edificios, agujerear la pared de uno de los edificios y dejarlo todo funcionando... una hora después de que los niños se hubieran ido. 

Espero que el lunes la luz funcione. O que, al menos, llegue la primavera.

jueves, 28 de febrero de 2013

ARTE y arte

Ayer mis niños y yo fuimos al Museo de Bellas Artes. A ellos les encantó el ARTE con mayúsculas, el que pintaron hace muchos años algunos grandes artistas.
A mí lo que más me gustó fue el "arte" que hicieron ellos después de la visita. Así que hoy no hablo, hoy enseño. ¿Os gusta?

"¿Puedo poner niños arriba o abajo? No me caben todos aquí..."

"¿Por qué has pintado así el pelo de los chicos?"
"Es que me han dicho que les ponga una cresta grande."
 
¡Todo el mundo identificado! Incluso Carmen, la guía :)

"Ya no quiero hacer más niños...
Ya no quiero hacer más cuadros..."
El borde del cuadro dorado, como los retablos que hemos visto.
Y la guía (de rosa) con su carnet y sus llaves colgando.
Por cierto, la mujer del cuadro es Santa Inés con un cordero.

El cuadro de la izquierda es este bodegón.
 

En este dibujo los niños están contemplando el Bautismo de Jesús que aparece a  la  derecha de este retablo.
El dibujo anterior, es otra "versión libre" de la misma obra.
Por último, aquí están todos los niños observando el retablo en el que aparece  San Martín compartiendo su capa con un pobre. Esta es una historia que les ha encantado, sobre todo eso de que cortara la capa con su espada.
Por cierto, contemplando el mismo retablo, una de mis niñas se fijó en Santa Úrsula y preguntó si también comía con palitos, como los chinos.

jueves, 21 de febrero de 2013

Dulces navideños

- Maestla, ¡¡¡ya sé algo sobre el cuerpo humano por dentro!!!

Toni lleva un rato malhumorado porque todos sus compañeros están participando en la lluvia de ideas sobre "lo que ya sabemos" y él no sabe qué decir. Pero justo ahora se le ha iluminado la cara, ha levantado el brazo, ha saltado de su silla y da botes sin parar hasta que le miro y le pregunto:

- ¿Sí, Toni? ¿Ya te has acordado? ¿Qué es lo que sabes del cuerpo?
- Que aquí -dice mientras señala su pecho con las dos manos- tenemos los polvorones.
- ¿Los "polvorones"? ¿Estás seguro?
- Sí, sí, los polvorones.

Miro a los demás y repito la pregunta:

- ¿Estáis de acuerdo con Toni? ¿Tenemos polvorones en el cuerpo?
- Si -aseguran ellos. Y me explican, por si no lo sé:
- Pero no son los que se comen ¿eh? no son los de navidad. Son otros.
- Sí, son otros. Que se "escachuflan" cuando respiramos -acaba Toni su intervención- y luego se vuelven a hinchar.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Hallazgo

- Maestla, hoy he encontrado un piojo. ¡Y lo he matado! -añade muy orgulloso.
- ¡Ay! -pienso yo- Estos niños a cualquier bicho lo confunden con un piojo... seguro que la víctima ha sido una pobre hormiga...
- ¿Y dónde estaba? -le pregunto.
- ¡Pues en mi cabeza! -y con su mirada parece añadir "¿dónde si no?".

Sí, era un piojo.