viernes, 19 de abril de 2013

Tres en una


Esta semana el cartero "ha venido" a mi clase en miércoles. Y ha traído tres postales  
Efectivamente, cuando me programé la semana decidí que el miércoles era un buen día (no quiero que se acostumbren a recibirlas siempre el mismo día) y que podría enseñarles juntas las postales de Isabel, Miguel (dos de los hijos de Juanma) y David (un amiguito de ellos). La razón era simplemente organizativa: tanto Miguel como Isabel solicitaban una postal para sus respectivas clases del colegio y lo ideal era escribir a las dos clases al mismo tiempo para que las recibieran más o menos a a vez.

Como siempre, lo primero ha sido verlas: las tres postales han ido rodando por las mesas y los más impacientes no podían esperar y las giraban para intentar leer algunas palabras. 
Una vez vistas, las he colgado en la pizarra y las he numerado. En esta ocasión haríamos algo diferente: cada niño tenía que decir una cosa que hubiera visto en una de las postales y los demás tendrían que adivinar en cuál de ellas estaba. 
Como a veces tengo buena suerte, la primera voluntaria ha dicho que había visto letras en una de las fotos. Hemos visto que era el nombre del lugar y, como la tipografía era un poco difícil de entender para ellos, he escrito de nuevo el nombre y después de unos cuantos intentos han conseguido leerlo. Hemos hecho lo mismo con la otra postal que tenía un rótulo delante y, después, David ha descubierto que también la postal de Zaragoza tenía letras: en una señal de tráfico. 

Leer el rótulo de las postales ha tenido algo bueno: en ocasiones, en lugar de leer "adivinan" las palabras. Pero cuando tienen que leer una palabra desconocida -como eran los nombres que aparecían aquí- puedo estar segura de que están leyendo de verdad. 

Durante un rato hemos seguido jugando a encontrar cosas en las postales: una araña, una piedra, una estatua, una iglesia... y luego nos hemos preguntado algunas cosas: ¿Qué eran esas rayas rojas que aparecían en la postal de Zaragoza?
- ¡Es lava! - ha dicho Judith emocionada.
- No, no es lava -decían Daniella y Nuria. 
- ¿Por qué sabéis que no es lava? -les he preguntado yo. 
- Porque la lava es naranja...
- No, es fuego -ha interrumpido Fran. 
- Pero fuego ¿en una carretera? -he preguntado yo- Porque hemos visto que había una señal de tráfico, así que es una carretera...
- Será que un malo ha puesto fuego...
- Y si es fuego, ¿dónde está el humo? -les he hecho pensar.
- Ah... pues es verdad...

Recordando que era una carretera les he preguntado si habían visto alguna vez un coche de noche y de qué color tienen los coches las luces por delante y por detrás. En seguida han entendido la idea y han gritado que eran coches. 
Entonces les he explicado muy. muy sencillamente cómo funciona una máquina de fotos y por qué las luces parecían rayas. 

Después nos hemos fijado en la postal que tenía un dolmen. Les he preguntado si pensaban que las piedras siempre habían estado así o si alguien las habría colocado. Han estado de acuerdo en que alguien las habría colocado así, pero el debate ha venido a la hora de decidir quién habría sido:
- Fue Dios, cuando estaba vivo -ha dicho Nuria. 
- No, no fue Dios. 
- Entonces, ha sido el hermano de Dios. 
- No, tampoco ha sido el hermano de Dios.
- Pues sería un oso.
- Me parece que no...
- ¿Las puso el señor que hace las casas raras? (David se refería a Gaudí, del que habíamos hablado al ver la postal de Melita)
- No, las pusieron mucho antes.
- ¿Fue Van Gogh? (desde que el año pasado hicimos un proyecto en clase sobre Van Gogh, cualquier cosa ligeramente artística que vemos creen que la hizo él.)
- No, fue mucho antes de Van Gogh.
- ¿Fue un dinosaurio?
- No, no hace tanto tiempo. Además, yo creo que los dinosaurios no tenían manos como nosotros para hacer este tipo de cosas...
- Bueno, pero eran muy fuertes y podían hacerlas dando patada a las piedras. 
- ¿Fueron los vikingos? 
La suposición de Judith fue la que más se acercó, así que detuve las preguntas y les hablé -también de forma muy resumida- de los hombres prehistóricos. Dibujé uno en la pizarra, les conté que no escribían (¿Por qué? Porque todavía no habían inventado las letras) y les hablé de lo que sí inventaron: de las armas hechas con piedras para cazar animales, del fuego que era muy importante...

¡Siguiente paso! Intentar leer los textos. En esta ocasión ha sido más difícil porque estaban escritas en minúsculas. Aún así, han conseguido leer palabras e incluso alguna frase. Les ha gustado saber que Miguel e Isabel son hermanos ("por eso han puesto los sellos iguales" -ha supuesto Judith, que es muy observadora) y que David es su amigo. También les ha gustado saber que tienen la misma edad que el hermano de Laia y que quieren recibir una postal nuestra.
Hemos estado hablando y hemos pensado que, ya que van a dos clases diferentes, enviaríamos dos postales: una para cada clase. 
Y que, como aquí celebramos las fallas, pero en Zaragoza no, les enviaríamos postales en las que pudieran verlas. 
Luego hemos consensuado el texto y lo han escrito un poco entre todos. 



Dragones de colores

En esta ocasión preparé para enseñarles la postal de Melita, con el dragón (o salamandra) del Parque Güell. Pensé que les gustaría porque les haría pensar en los camaleones y por lo colorido de la obra. 
Comencé proponiendo que adivinaran qué íbamos a ver esa tarde y Kevin respondió inmediatamente: "¡Una postal!". 
"¿Cómo lo sabes?" le pregunté yo, y él respondió que porque llevaba un mapa en la mano. 

Efectivamente: con las otras dos postales (la de Arianne y la de Luiseme) había utilizado un mapamundi para poder localizar Venezuela y el río Amazonas respectivamente. Pero en esta ocasión pensé que me sería más útil un mapa de España para tratar de encontrar Barcelona.

Como en las otras ocasiones, lo primero fue dejar que cogieran, tocaran y miraran la postal. Fue pasando de mano en mano mientras se sorprendían de ver que era "más larga" que las otras dos. 
Kevin, siempre observador, comenzó a leer en la parte frontal: "An-to-ni..." pero yo le sugerí que lo dejara para después, cuando todos estuvieran intentando leer. Primero, teníamos que adivinar qué era ese animal que había en nuestra nueva postal :)

- ¡Un camaleón!
- No, porque no tiene la cola larga y enrollada
- Un dragón
- No, que no tira fuego por la boca.
- ¡Pero tira agua!
- ¿Ah, sí? -pregunté yo- ¿y que será, si tira agua?
- ¡Una fuente! - gritaron varios a la vez. 
- ¿Y dónde puede estar esa fuente? - volví a preguntar
- ¡¡En una barandilla!! -dijo David. Parece mentira, pero David, cuando consigue estarse quieto, se fija mucho en las cosas. Y, efectivamente, el "animalito" parecía estar situado en una barandilla :)
Seguí intentando que situaran la "fuente". Quería que llegaran a la conclusión de que estaba en un parque, para que luego, al encontrar la palabra "parque" en el texto de Amelia lo relacionaran con sus conclusiones previas. Pero no fue fácil: 
- A ver, ¿la fuente puede estar dentro de una casa? ¿en una cocina o en una habitación?
- ¡¡Nooooo!! -al menos eso lo tenían claro :) 
- Entonces ¿dónde?
- ¡¡En la calle!!

Lo cierto es que esta conversación fue un poco difícil porque fue interrumpida tres veces: por la directora, que vino a hablarme de un tema muy poco agradable relacionado con uno de mis alumnos :( , una llamada telefónica que tuve que hacer a una madre, porque una de mis niñas se estaba poniendo enferma y, por último, la entrada de esa madre en mi clase para recoger y llevarse a esa niña... Pero finalmente llegaron a la conclusión de que esa fuente podía estar en una calle con árboles (habían descubierto las hojas que se ven en la postal) o en un parque. Así que, una vez "identificada" la imagen llegó el momento de sentarnos en la alfombra para ver y tratar de leer el texto.

Esta vez estaban todavía más ansiosos por encontrar palabras. Incluso Toni, que la última vez casi no mostró interés por participar, levantaba la mano intentando leer alguna. 

Mientras buscábamos palabras o frases que leer, me di cuenta que estaban convencidos que la postal nos la había enviado un chico: ¿por qué?

- Por que pone "Antoni", y "Antoni" es nombre de chico- respondió en seguida Kevin, que todavía recordaba lo que había intentado leer mientras observaba la imagen. 
- Pero ese no es el nombre de la persona que nos ha enviado la postal. ¿Donde está el nombre de la persona que la envía?

Varios deditos señalaron la parte inferior de la postal y Feli, que casi nunca lee nada, se lanzó a intentarlo: "Me-li-ta". Entre todos pensamos que ese era un nombre de chica, y volvimos al resto del texto.

Fran, que todavía no es muy experto en la lectura, se atrevió con la palabra "empresario" pero tuvimos que ayudarle a terminar de leerla. 

- ¿Sabéis qué es un empresario?
- Sí, una casa muy grande.
- No, eso es un edificio.
- Pues entonces no lo sabemos. 

Traté de explicarlo de la forma más sencilla posible. Sencilla, y que se adaptara a la idea que se intentaba transmitir en la postal: la de Güell, que hizo construir ese parque y muchas otras cosas. 

- Es una persona que quiere hacer algo, por ejemplo un edificio, y busca a otras personas para que lo hagan. 
- ¡Pues vaya cara más dura! -gritó Kevin, que casi no sabe hablar sin gritar- ¡Que lo haga él!
- Es que él solo no puede, por eso busca a otras personas y les paga dinero por hacerlo... 
Eso les pareció un poco más justo, pero siguieron pensando que un "empresario" es una persona con mucha cara...

Pero yo aproveché este pequeño debate sobre los empresarios para preguntarles: "¿Sabéis a quién le pidió Güell que "hiciera" este parque?"
Por supuesto, no tenían ni idea, pero cogí de nuevo la postal y le pedí a Kevin que terminara de leer ese nombre que ya había llamado su atención antes: Antoni Gaudí. 
Les conté que Gaudí hacía casas muy bonitas, que se las imaginaba, las dibujaba y luego las construían, y que había hecho lo mismo con el parque. 
Repetimos varias veces el nombre, para tratar de recordarlo, y les sugerí que cuando llegaran a sus casas buscaran a Gaudí con sus padres en internet, para ver algunas de las cosas que había construido.
Poco después, a la hora de irnos a casa, al jugar al ahorcado (jugamos muy a menudo) usé el nombre de "Gaudí" como una de las palabras a adivinar, para ayudarles a seguir recordándolo. 

Terminada ya la lectura del texto, desplegué en la pizarra el mapa de España, recordamos dónde está la Comunidad Valenciana y buscamos Barcelona. Necesitaron algunas pistas: está cerca del mar, está en Cataluña... pero al final la encontraron :)

domingo, 24 de marzo de 2013

"Bué"


- Muy mal, Betty, lo has hecho muy mal.
No me gusta decir estas cosas a mis niños, pero a veces es necesario.
En clase insisto mucho en la importancia de esforzarse, de intentarlo. Y en que no pasa nada si las cosas no nos salen bien.
- ¿Qué pasa si nos equivocamos? – Les pregunto a menudo, antes de comenzar un trabajo difícil.
- ¡No pasa nada! Porque estamos aprendiendo – Responden ellos, que ya lo saben de tantas veces como se lo he repetido.
- Cuando sí pasa es cuando no lo intentáis, eso no me gusta –les recuerdo, y mientras lo hago miro a Feli, que suele venir a mí con la hoja en blanco y la frase “es que no sé” en la boca.
- O cuando no pensamos –añade Fran, que ya va acostumbrándose a pensar, aunque sólo sea un poquito, antes de hacer su trabajo.
Pero lo del viernes no fue que Betty no hubiera pensado o que se hubiera equivocado. Lo que hizo Betty fue recortar rápido y mal para terminar pronto e irse a jugar. Puede que no sea muy habilidosa, pero el par de centímetros que separaban su corte de la línea por la que debían haber pasado las tijeras dejaban muy claro lo ocurrido.
Suavizando mi tono de voz, volví a preguntarle:
- ¿Por qué lo has hecho tan mal?
Ella se limitó a agachar la cabeza y mirar el suelo sin decir una palabra. Insistí, pero no sirvió de nada, así que le pedí que fuera a su silla a pensar por qué había hecho el trabajo tan mal, cuando ella era capaz de hacerlo mucho  mejor, y que cuando lo supiera me lo explicara. Un rato después se acercó a mí, todavía con la cabeza agachada, y me dijo que había querido terminar rápido.
- Muy bien. Pues ahora tendrás que volver a recortarlo, pero bien. Luego, podrás ir a jugar.
Y así lo hizo. Volvió a recortar mientras sus compañeros ya elegían las actividades que querían hacer: jugar, dibujar, mirar cuentos, escribir cartas… Cuando terminó me dijo que ella lo que quería era escribir una carta y le di permiso para hacerlo.
Cogió un papel, lo dobló en cuatro, dibujó el triángulo del sobre poniendo su nombre como remite y, por el otro lado, dibujó el sello y escribió el nombre del destinatario. Entonces se acercó y me preguntó:
- ¿Cómo se escribe “bué”?
- ¿Bué? ¿Qué es lo que quieres poner en tu carta, Betty?
- “No lo bué asé más”- dijo ella con un hilo de voz.
La carta era para mí, y el mensaje estaba claro: “No lo voy a hacer más”. Es la carta que más me ha gustado de todas las que he recibido de mis niños desde que pusimos el buzón en la clase.

viernes, 22 de marzo de 2013

Nuestra segunda postal


Hoy hemos recibido en el cole la postal de Luiseme (¡¡¡muchísimas gracias!!!) y les ha encantado 

He comenzado por enseñarles la foto de la postal, les he dejado cogerla uno por uno y mirarla y después, les he preguntado qué habían visto: el mar, edificios, hierba, arena... Yo sabía que no era el mar, porque había leído el texto, pero les he dejado equivocarse 

Una vez descrita la postal, he colgado en la pizarra la copia del texto (me he encargado de ampliarlo en la fotocopiadora para que todos pudieran verla). Y han comenzado a emocionarse al descubrir que eran capaces de leer alguna palabra. Algunos sólo podían leer una palabra. Otros, conseguían leer frases enteras. Y yo me dedicaba a subrayar de colores diferentes (en la fotocopia) lo que cada uno leía.
Hacía unos días que les había explicado lo que es un signo de interrogación, así que les he hecho fijarse en que el texto comenzaba con una pregunta: "¿verdad que parece el mar?" (o algo así, no la tengo aquí ahora...). Y así, se han dado cuenta de que no era el mar, como ellos creían. De modo que, antes de seguir leyendo, hemos estado hablando: si no es el mar ¿qué es?
Han hecho suposiciones: ¿una piscina? no, porque no sería tan grande. ¿El cielo? No, porque no hay nubes. ¿La hierba? No, porque la hierba es verde, no azul...
Y una vez despierta su curiosidad, hemos seguido leyendo...

- ¡Mira! ¡Ahí pone miedo! - ha dicho Kevin.
- ¿Y por qué pondrá miedo? - he preguntado yo.
- ¿porque es muy profundo y se puede ahogar?
- ¿porque hay tiburones?
- Pero en los ríos no hay tiburones...
- Pues entonces cocodrilos...

La conversación ha seguido, y seguido, hasta que Judith ha preguntado: "¿por qué hay unos números al principio?".
Les he explicado que era la fecha en la que nos habían enviado la postal. Y entonces, hemos cogido el calendario para ver cuántos días había tardado en llegar.
Entonces Nuria se ha dado cuenta de que antes de los números había una palabra. "Esa es la ciudad desde la que nos la han enviado. A ver quién puede leerlo".
En seguida han descubierto que ponía Barcelona y Fran ha dado por supuesto que eras del Barça 

Después de eso, hemos colgado el mapa del mundo en la pizarra para intentar encontrar el río Amazonas. Como en la postal nos decías que estaba en América del sur, hemos comenzado por buscar América. Ya sabíamos donde estaba, porque Arianne nos había hablado de Venezuela en su postal, pero como América es muy grande, me han preguntado por dónde tenían que buscar. Les he explicado dónde estaba el norte y dónde el sur, y se han puesto a tratar de descifrar nombres de ríos.

- ¿Esto es un río?
- No, eso es el océano Atlántico...
- ¿Y eso, es un río?
- Sï, pero no está en América

Finalmente, Judith ha encontrado el Amazonas y, muy orgullosa, les ha enseñado a los demás dónde está.
Pero el mapa les ha despertado más curiosidad, así que hemos podido seguir hablando de otras cosas. De porqué hay colores diferentes en el mapa, de si hay montañas en el mar, de dónde está la montaña más alta del mundo, de si Nuria fue a Groenlandia el fin de semana pasado, cuando fue a la nieve, o si se quedó más cerca...

En fin, gracias a tu postal, Luiseme hemos pasado una tarde muy interesante en clase, los niños se han sentido muy orgullosos de poder leer casi todo el texto, han hecho grandes descubrimientos y han sentido una gran curiosidad ¡¡Muchas gracias!!

(En realidad esta postal llegó a nuestra clase el 13 de febrero y esta entrada está escrita desde entonces... ¡ya era hora de publicarla ¿no?)

Castillos y princesas


Un día, aprendiendo cosas sobre los castillos,se organizó un debate en la clase acerca de qué era una princesa y si  las princesas existían en realidad o sólo en los cuentos. Todo comenzó porque Nuria trajo unas fotos de castillos para colgar en la clase. Había fotos de castillos reales ("esas las ha elegido mi madre" decía Nuria) y otras de castillos de cuentos, pintados de rosa y llenos de florecitas, corazones y princesas ("esas son las que he elegido yo").
Al verlas, las estuvimos clasificando según si eran o no reales. Kevin, que siempre tiene que opinar, no tardó en decir que "las princesas tampoco son reales".
- ¿No? -pregunté yo- Bueno, ¿pero tú sabes lo que es una princesa?
- Claro -dijo él- es una chica, así como tú y muy guapa.
- ¿Ah sí? ¿Una princesa tiene que ser una "chica mayor", como yo?
- ¡Claro!
- Y una niña, o un bebé ¿no puede ser una princesa?
- Noooooo- respondieron todos, casi riéndose de mi ignorancia.
- Y si es fea ¿tampoco puede ser princesa?- continué preguntando.
- ¡Claro que no! Las princesas son guapas.- Y en eso estaban todos de acuerdo.
- ¿Y los príncipes? ¿Pueden ser feos?
Aquí ya no hubo tanto acuerdo. Después de una breve discusión acerca de si los príncipes pueden ser feos o no, volvieron al tema de la realidad.
- Lo que está claro -aseguró Kevin- es que las princesas no existen.
- ¿Por qué estás tan seguro?
- Porque he recorrido todo Tavernes (nuestro pueblo) y hasta París, y no me he encontrado con ninguna.
- Pues yo he ido hasta China... -intervino David.
- ¿Estás seguro de que has ido a China?
- ¡Sí!
- No, David, yo creo que no has ido a China nunca.
- Bueno, no, pero he ido a Canet (un pueblo cercano).
- Pues yo creo que sí existen las princesas... pero sólo en China o en "japonés"- sentenció Fran.

Les dejé pensando ese día y me propuse encontrar un retrato de alguna princesa real y fea :) ¡¡Y lo conseguí!! Ahora ya saben que las princesas son las hijas de los reyes y las reinas, que son princesas desde que son bebés, y que si son feas... ¡mala suerte! Pero que seguro que no les gustaba que toda la gente les dijera una y otra vez lo feas que eran.
Si alguien tiene curiosidad, esta es la foto que -sin buscar demasiado- encontré y les llevé a clase :D