miércoles, 22 de agosto de 2007

¿A quién no le duelen los "jaujillos" de vez en cuando?

Un día Jorge me dijo que quería hacer pipi. Es normal que me lo digan cuando estamos en clase, porque tienen que acostumbrarse a pedir permiso para salir del aula. Pero durante la hora del patio pueden ir al servicio o a beber agua libremente.

- Pero tienes que venir conmigo - me pidió.
- ¿Por qué, Jorge? Si tú ya eres muy mayor y sabes ir solo.

De acuerdo, técnicamente a los tres años de edad no se es "muy mayor". Ni siquiera a los cinco, cuando están en la clase de los mayores y a punto de ir "al piso de arriba" son muy mayores. Pero se trata de ir favoreciendo su autonomía, que vayan aprendiendo a hacer las cosas por sí mismos.

- No, yo solo no, ven conmigo - insistía, cogiéndome de la mano.
- Pero ¿qué pasa? ¿es que te da miedo ir solo?
- No -me explicó- es que si voy yo solo a hacer pipi me duelen los jaujillos.

Su explicación me desconcertó. Es cierto que desde que estoy trabajando en este pueblo he aprendido algunas palabras que no conocía y que parecen formar parte de un vocabulario exclusivo y casi secreto. Pero esta era nueva. ¿Estarían los jaujillos cerca de la pirindola, otra palabreja que aprendí en otro colegio, en otro pueblo?

- ¿Los jaujillos, Jorge?
- Sí. Es que si hago pipi solo me duelen los jaujillos, pero si tú vienes conmigo no.

Más intrigada que otra cosa le acompañé al baño. Le pedí que se bajara los pantalones (insisto, deben aprender a hacerlo solos) y luego, mientras intentaba bajarse los calzoncillos, un poco pequeños y ajustados para él, señaló con su dedito cómo se habían enrollado y me dijo:

- ¿Ves? Si voy solo los jaujillos se ponen así y me duelen...

4 comentarios:

Maru dijo...

Jajajaja, pobrecito, le dolìan los jaujillos.
Tus niños son un amor, realmente.

Besos

seraim dijo...

me parto con tus historietas!!

Gabriela Querol dijo...

Las historias de los pequeños son siempre graciosas, aunque ellos no entiendan eso así. Pobre niño con sus jaujillos.

Don't worry, be happy dijo...

Qué gracia de anécdotas! :D

Con tu permiso me seguiré pasando por tu blog.

Un beso, maestla! ;)