viernes, 18 de abril de 2008

Cumpleaños

Ayer era el cumpleaños de Ignacio. Un par de días antes había traído invitaciones para que todos los niños y las niñas de la clase fueran a su casa a merendar y pasar una tarde divertida. Pero parece que no todos iban a conseguirlo.
Desde primera hora de la mañana habían estado excitados, contando las horas -a su manera- que faltaban para la celebración: "Maestla, ahora vamos al patio, luego trabajamos, luego al comedor, luego al patio, luego trabajamos otra vez, luego al patio y luego es el cumpleaños ¿verdad?".
Pero en ese último patio, el de justo antes de la fiesta, Victoria me dijo muy apenada que no iría al cumpleaños. Su madre no la dejaba.
- Pero ¿tú le has dicho a la mamá que tienes muchas ganas de ir?
- Sí... - respondió, mientras una lágrima comenzaba a deslizarse por su mejilla. -Pero me ha dicho que no voy a ir a ningún cumpleaños.
Este es un tema en el que yo no me puedo meter. Pero, sobre todo, no puedo dar falsas esperanzas a una niña que se siente tan desgraciada. No puedo asegurarle que todo se va a arreglar, no puedo prometer que hablaré con su madre y que la dejará ir al cumpleaños. No puedo -ni quiero- desautorizar a una madre que ha tomado una decisión, aunque yo no la comparta. De modo que, tras dejarle claro a Victoria que "la mamá es la que manda" le dije que podíamos hacer algo: hablaríamos con Ignacio para que él supiera que, aunque Isabel no fuera a su cumpleaños, seguía siendo su amiga. No era un gran consuelo, desde luego. Pero la idea de "hacer algo" al respecto podría animarla un poco. Y funcionó mejor de lo que yo esperaba:
Cuando una Victoria llorosa le explicó a un sorprendido Ignacio que no podía ir a su cumpleaños, pero que quería seguir siendo su amiga, él respondió:
- No llores, Victoria: te guardaré un trozo de tarta y te lo llevaré a casa.
Dudo mucho que los padres de Ignacio accedieran más tarde a llevarle el pastel a Victoria: los adultos aún tenemos mucho que aprender de la generosidad de los niños.

5 comentarios:

Gabriela Querol dijo...

Los niños suelen actuar por sus sentimientos y muchas veces con sus palabras ves que son más listos de lo que parecen o de lo que tendrían que serlo por su edad.

seraim dijo...

y tanto que tenemos que aprender mucho de ellos!
Me encanta tu blog ;)

Maestla dijo...

¡¡Gracias!!
A mí me encanta mi trabajo. Este niño me demostró su generosidad una vez más el viernes... ¡es un niño asombroso!

tara dijo...

¡Increíble este niño!

Anónimo dijo...

Jo que lástima, a mi se me partiría el corazón en casos así... En fín, los adultos tenemos que aprender de los niños la mayoría de las veces!!!